Ha vuelto a chocar mi vida con tus ojos un viernes por la tarde
y sin más; todo patas arriba y tu silencio en mi nuca.
Mis manos en los bolsillos rebuscando migajas,
persiguiendo pasos hacia atrás.
Te cerré y te guardé en el cajón donde guardé las tiritas,
y te volviste a abrir.
Enrojecí; de sangre y pena
del tintineo de mi corazón en la cuerda floja.
Aprendí a besarte demasiado rápido,
y a desvestirte,
pero no a desquererte.
Y si supiera cómo romper las ganas de incendiarte,
de quemarte,
ni siquiera intentaría frenar este tren.
Mi corazón es un maldito suicida
y solo quiere acelerarse y chocar con tu pared.
Domingo; y aun se me encoge el estómago cuando pienso que me rozas.
Los viernes por la tarde
disfrazados de fin de semana
también son un poco hijos de puta.
Como los domingos que ya no huelo tu espalda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario