Huele a gasolina
y hierba recién cortada.
Como si entraras por la puerta
con ganas de vivir,
digamos.
Lo único bueno que me has dejado
han sido heridas.
Digo bueno porque las heridas
son como tu suspiro en la nunca
antes de dormir,
que sé que no estará por siempre.
Invertí mañanas en cafés,
insistiendo mi cabeza en recordarte
y las noches eternas
fueron como mil promesas rotas.
Quise ser canción;
tuya.
Quise ser capaz de volar,
porque así me lo enseñaste.
No miento,
la ciudad huele a tu cuello recién besado
y mis ruinas te buscan en los portales,
esquinas, y parques.
Ahora tú eres mis palabras,
mis líneas más torcidas,
renglones a medio hacer.
Entiéndeme,
lo único bueno que me has dejado
ha sido esta herida abierta.
Estos son los drenajes,
los restos de ti,
la basura que no sacaste la última noche.

No hay comentarios. Porque qué vamos a comentar. Al leerte me ha pasado lo que me ocurre siempre con la buena poesía, que me entran ganas de ir corriendo a por mi libreta y apuntarme las mejores frases para disfrutarlas siempre que quiera. Para resumirlo un poco, has hecho que sienta que lo que yo escribo es pura escoria. Un besazo y voy a seguir leyéndote. (Te dejo mi blog por si te apetece: www.fueenunaciudadsinmar.blogspot.com)
ResponderEliminarPor cierto, te agrego a favoritos porque no encuentro la manera de poder seguirte en blogger u.u
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