viernes, 28 de marzo de 2014

Salvación.


Una vez conté todas las estrellas,
los ancianos que subían al autobús,
las líneas discontinuas de la avenida principal
y hasta las hojas que dejaba el otoño en el suelo.

Conté las gotas de lluvia que mojaban las ventanas,
los borrachos a las 5 de la mañana,
el vaivén del color de los semáforos,
conté hasta los minutos que tarda en salir la luna.

Me convencí de que contando
dejaría de contar contigo.
Qué gilipollez.

Pasé de contar los besos 
que podríamos darnos en una hora
a contar las mil veces
que podría olvidarte
una tras otra
sin parar.

miércoles, 19 de marzo de 2014

27 segundos.


Hoy durante la ducha, 
he abierto demasiado el grifo de agua fría.
Ha sido como una bofetada,
el tacto de tus manos heladas sobre mi piel,
otra vez.

Se me ha erizado hasta el alma.

Y me he puesto debajo del hielo
27 segundos.
Puede que sean los mismos veintisiete segundos
que tardaste en incendiarme la vida
o en enamorarme, 
lo que prefieras.

Que me has calado hasta los huesos, 
empiezo a tenerlo claro
desde que me preguntan por ti
hasta las nubes.

domingo, 16 de marzo de 2014

Viernes por la tarde.


Ha vuelto a chocar mi vida con tus ojos un viernes por la tarde
y sin más; todo patas arriba y tu silencio en mi nuca.
Mis manos en los bolsillos rebuscando migajas,
persiguiendo pasos hacia atrás.
Te cerré y te guardé en el cajón donde guardé las tiritas,
y te volviste a abrir.
Enrojecí; de sangre y pena
del tintineo de mi corazón en la cuerda floja.
Aprendí a besarte demasiado rápido,
y a desvestirte,
pero no a desquererte.
Y si supiera cómo romper las ganas de incendiarte,
de quemarte,
ni siquiera intentaría frenar este tren.
Mi corazón es un maldito suicida
y solo quiere acelerarse y chocar con tu pared.

Domingo; y aun se me encoge el estómago cuando pienso que me rozas.
Los viernes por la tarde
disfrazados de fin de semana
también son un poco hijos de puta.
Como los domingos que ya no huelo tu espalda.

sábado, 8 de marzo de 2014

Más allá.


Puedo cruzar mares
más profundos
que la noche de tus ojos.

Puedo sonreír
por encima de miedos,
más allá de ti.



miércoles, 5 de marzo de 2014

Te has apagado.


Iba a empezar a escribir
como quien se despierta
un lunes por la mañana
y solo piensa en acostarse.

Entendía esto como mi terapia
contra ti,
contra el otoño de tus besos
y las bofetadas del invierno.

Ya no me dueles.
Ni me hielas,
ni me llueves
ni siquiera me rompes.

Ya no habrá más líneas
para ti,
para nosotros.
Rectifico: tuyas.

De lo que fuimos,
creo,
ya no me queda nada,
se han apagado
hasta las luces de la feria.

Lo único que me provocas
ahora que te acabas
es indiferencia
y hasta un poco de pena.

Pena,
porque al final
tú has acabado perdiendo.

Yo,
me he ganado.

Carnaval.


Ha pasado carnaval
y sin querer
o queriendo demasiado
sigo llevando puesta la careta.

Que ya no granizas,
el diluvio ha parado,
has amanecido en mi piel,
pero yo sigo tronando.

La calle ahora es gris,
como si hubiesen borrado de golpe
todas las letras del libro,
hasta los puntos.

Y aun sin letras te sigo leyendo,
sin anotaciones en las esquinas,
y el marcador de páginas
en la última, se ha borrado.

Te leo sin leer,
sin ganas de sentir
ni sintiendo nada,
se borraron hasta las noches.

Como sin querer,
al final me cansé de tu libro
como los niños
cuando se cansan de la pelota.

Creo que al final
de tanto leerte
te me has atragantado
en el fondo del pecho.